11 de marzo, 2006
Por fin se consuma aquella latente pasión democrática, oculta entre los esperanzados ciudadanos chilenos.
La primera mujer electa por aquellos a quien ha de representar, llega hoy a la presidencia, marcando un hito en la historia sudamericana.
Porque Michelle Bachelet trascenderá -sinceramente, así lo presiento-, irguiéndose sobre los recuerdos patentes en medio de futuras generaciones.
Ha acontecido, este mediodía de un tardío verano, el giro radical que había estado ansiando vivenciar una multitud de gente; personas expectantes, con fe en la igualdad y en ideales políticos, económicos, pero por sobre todo, sociales.
La Democracia va adquiriendo un tono de voz característico, multitudinario y, porqué no decirlo, exigente. Tampoco para la Presidenta será sencillo: el pueblo pide seguridad, y confía en que esta emblemática figura femenina se la conferirá.
¿Por qué?, ¿por qué esta profunda confianza depositada en una sola mujer, que no es menos mortal que ninguna otra? Quizás -y no tan sólo quizás-, se deba, en parte, a la tranquilidad que nos ha otorgado su predecesor, Ricardo Lagos. Este hombre, fundamental en el crecimiento histórico de Chile, deja la presidencia en medio de un frustrado intento de reprimir su emotividad; Chile lo ama y se lo ha hecho saber, no sólo a través de concisas cifras -un 68% de apoyo popular-, sino con vítores y aplausos llenos de entusiasmo.
Él, El Presidente de Chile, luce tranquilo, encargándonos al cuidado de quien le parece una mujer absolutamente capaz.
Y así, este pequeño y joven país sigue su camino en un tramo -esperemos que sea muy largo- guiado por una fructífera coalición política: la Concertación. Encabezada, a su vez, por nuestra actual Presidenta, Michelle Bachelet Jeria.
Valparaíso,
11 de marzo, 2006.

malamemoria dijo
Hola
soy chilena y orgullosa del día de hoy
visita mi blog...
creo que lagos nos ha dejado en buenas manos...
12 Marzo 2006 | 02:30 AM